Archive for abril, 2011

la voz. 4 de diciembre de 2002

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Durante este mes, he ido al Centro de Documentación Teatral y a la biblioteca de la Filmoteca. Nos hemos reunido una vez en casa de Arri y otra en la de Pepón. Les he pasado Los farsantes (Mario Camus, 1963), que se aproxima algo más que El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán-Gómez, 1983) al espíritu del teatro de carpa que Carlos ha conocido trabajando por pueblos. Hemos discutido bastante sobre el enfoque que podríamos darle a la película. Uno consistiría en mostrar el proceso de fascinación progresiva que ha ejercido sobre nosotros Carlos y como, a consecuencia de ello, la idea inicial de esbozar el retrato de un actor de reparto ha sido sustituida por nuestro afán de hablar de la memoria de un actor. La otra alternativa sería intentar reproducir mediante escenas teatrales el interior de la mente de Carlos.

Entre tanto, he arrancado con el libro. He decidido estructurarlo como “diez días que conmovieron al mundo”. Los dos primeros no funcionaban demasiado bien y los dejé a medias, pero el tercero, que corresponde a su estancia en la compañía de Feliciano Muela va saliendo y puede marcar el tono del resto. Me ha llevado casi una semana de trabajo intermitente y por ahora es una buena referencia.

Hoy hemos quedado con un amigo de Arri y Pepón que trabaja en el Teatro Español y puede echarnos una mano para enfocar algunos asuntos de los que no dominamos demasiado. Se llama Carlos Abad pero le dicen “La Voz”. Hay que preguntarle por algunas cosas de carpintería teatral o por gente que pudiera conocer a la familia de Carlos o las compañías de teatro ínfimo de las que formó parte.

Antes tenemos que ir a hacer copia de las fotos del padre de Carlos que grabamos en Valladolid. Resulta que Emilio está de fotofija en la película de Els Joglars y ha estado a punto de abandonar el trabajo a causa de la presión sicológica que le supone encontrarse con Carlos cada jornada insistiéndole en que le prometimos aquellas fotos cuando estuvimos en casa de su hermana. El sábado pasado, antes de cenar en casa de Luis, hicimos las capturas y ayer fui a revelarlas pero se me olvidó el CD en la grabadora. Cosas de la edad…

Pasamos por la FNAC y encargamos las fotos. A La Oficina –la cafetería que comunica Carmen con Preciados-, donde repasamos nuestras notas sobre el desarrollo que podemos darle al proyecto. Reincidimos en el tema de “la memoria” y acordamos intentar el método poético automático lo que nos pone a una altura de pretenciosidad considerable. Intentaremos, no obstante, que todo se desarrolle en un tono más bien jocoso.

Recogemos las fotos. Hemos quedado con Carlos en El Sidi. Llega al rato, pero nos pide que le esperemos un poquito más porque quiere comer hoy chuletitas de cordero y tiene la vez pedida en la carnicería.

Una vez aprovisionado, regresa. Tiene novedades variadas. Con el dinero que reciba de las cuatro sesiones que ha hecho en Buen viaje, Excelencia (Albert Boadella, 2003) está dispuesto a salir de la pensión y volver a alquilar un apartamento. También ha decidido ir a un fisioterapeuta o a un acupuntor para que le alivie un poco la artrosis. La armazón del plan resulta aparentemente sólida hasta que aparece en la conversación Charly Bravo. Resulta que el ex caballista está haciendo un “Zorba el griego” con Fabio Testi y tiene pensado recalar en Madrid una temporada. La primera en que le ha metido ha sido enviarle a Andrés Vicente Gómez un reportaje que le han hecho en una revista moderna porque cuando hacíamos Matías, juez de línea (La Cuadrilla, 1995), Andrés dijo que nuestros actores eran unos “matados”. Charly no olvida y ha puesto a Carlos por delante para ejecutar su venganza. El artículo debe poner en evidencia que son profesionales sobresalientes maltratados por la fortuna. La segunda -no hace falta consultar la bola de cristal- es que el dinero que guarda Carlos para sus planes de nueva vida volarán en una semana en cuanto Charly vuelva a organizársela.

Comemos con La Voz en una casa de comidas de Ventura de la Vega. Él trabaja como escenógrafo en el Español y viene preocupado por unos decorados que le está montando Gil Parrondo para un Calderón o un Lope. Parece que una de las escenografías pesa dos toneladas y el óscar español no entiende que las mutaciones deben ser rápidas.

Consultamos con él sobre gente que pueda tener alguna relación con el mundo teatral y zarzuelero de Carlos, amén de técnicas escenográficas primitivas que nos permitan montar nuestras reconstrucciones –el pulpo de “Los sobrinos del capitán Grant”-. Nos da una serie de nombres a los que hasta enero no creemos que sea conveniente llamar. Si es que para enero tenemos algo más claro.

palacio de linares. 29 de octubre de 2002

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Hemos hablado varias veces con Carlos de que en el Palacio de Linares hay fantasmas, previniéndole, porque en la Casa de América presenta Txepe [Lara] Francisca (… de qué lado estás) (Eva López-Sánchez, 2002). No hay otra explicación para que yo haya llevado la cámara sin batería. Así que no hemos podido grabar casi nada en el estreno. En el jardincillo de entrada Pepón ha tomado la llegada de Carlos con su amiga Marta y poco más.

Hemos formado una especie de embudo en el que han ido recalando “los del barrio”: Jaime, el de La Ida, que cuenta orgulloso que en un after hours del barrio ha visto colgado el “Tipo Oriental 2” y Juan, “el gitano”, el amigo cantaor de Carlos, que ha resultado ser un tipo de nuestra edad, escurrido de carnes y con un estrabismo feroz. Juan vio Justino en Logroño y cuando el cadáver de doña Pura cayó por el hueco de la escalera y se coló en el cubo de la basura gritó a pleno pulmón: “¡Triple!”. Explica que no es que quisiera faltar, que le salió del alma, y yo agradezco el elogio. Cuando le cuento que no estamos haciendo nada en concreto –Justino es su única referencia sobre nuestras andanzas- me explica que a él también le pasa cuando compone: te vuelcas tanto en la obra que te quedas como vacío y necesitas un tiempecito para recargar baterías. Lo que tendría que haber hecho yo, si los fantasmas del Palacio de Linares no hubieran estado tan hartos de gente grabando sus psicofonías.

Nos volvemos a casa, con parada técnica en La Calesera, donde Arri ha quedado con Biaffra para ir luego a una proyección de cortos en el Capitol. La proyección se retrasa, aparecen por allí los Hartos Indios, unos mexicanos a los que conocieron durante el rodaje de Perdita Durango (Álex de la Iglesia, 1997) y sólo Arri entra heroicamente al cine. Nos cuentan que van a rodar una película de ancianos asesinos. Y a Pepón no se le ocurre otra cosa que pedirles un papel para Carlos. Ellos encantados. Dice Pepón que podríamos rodar el viaje a México mientras él nos cuenta “el viaje de su vida”… Él, que nunca ha viajado… De esos documentales así como fragmentados… Cuando sale Arri, seguimos en la misma esquina de La Calesera.

La última y nos vamos.

el barrio. 24 de octubre de 2002

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Equipo reducido: Emilio, Pepón y yo. Por el camino hablamos de la necesidad de cortar la grabación ya y empezar a decidir qué hacemos con el material. Si no, corremos el riesgo de eternizarnos.

Entramos en el Xares poco antes de las once, que es la hora de nuestra cita. No hay demasiada gente. En la tele comienza el cine matutino: La viudita naviera (Luis Marquina, 1961), con Paquita Rico. Una cosa de Pemán, si la memoria no me falla, que cada vez me falla más.

Carlos vive en una pensión, aquí cerca, pero si quieres citarle para un trabajo hay que llamar al Xares. Eusebio, el jefe, le coge los recados, recibe las separatas y le suministra su tabaco favorito, que no es fácil de encontrar en otros bares del barrio. Desde que la Tabacalera dejó de elaborar los Peninsulares, Carlos se ha pasado al Condal largo. Todo consiste en desmocharlo -arrancarle el filtro- con las uñas amarillentas y fumar así, al modo tradicional, con el papel mojado en la comisura y sacándose cada tanto la hebra de tabaco que se adhiere a la lengua.

Cigarrito, café con leche, bollería industrial, vaso de agua y un culín de Dyc en copa de coñac. Tal es el desayuno de Carlos. No sabemos si es el habitual o se debe a nuestra presencia.

en el Xares, su cuartel general

en el Xares, su cuartel general

Mientras Carlos desayuna preparamos la cámara y la grabadora. La entrevista según hemos planeado debería girar en torno a tres temas: los bares, la memoria y la familia. Evidentemente él es el último de los Lucas dedicado a la interpretación, pero es difícil que lo reconozca. Su primo cantaor con el que coincidió en alguna compañía y al que llamaban “El Bandolero del Cante”, Federico, el bailarín de revista que ya no baila…

En cuanto a la memoria hace una exposición bastante coherente de ésta como instrumento de trabajo del actor. Saco entonces el guión de Justino y le pregunto si recuerda la escena en Shangri-La. Le echa un vistazo. Lee. Al poco está morcilleando. Deja aflorar al mister Hyde -o al Opale- del entrañable Sansoncito. Cada frase que en su día interpretó primorosamente, es ahora motivo para un chascarrillo. Perfecto.

A la salida le pedimos que se aleje y luego entre en el bar, por si nos valiera como recurso para el futuro montaje. Imposible. Los actores –al menos los que se dedican al cine- recitan su texto según el libreto y se mueven de marca a marca. El auxiliar de cámara traza una “T” en el suelo con cinta adhesiva, en el punto exacto en el que tienen que detenerse para que el foquista tenga una referencia. Carlos es un experto “morcillero”, capaz de recurrir a todo el repertorio zarzuelístico y a las mil y una ocurrencias de su padre para cubrir cualquier olvido o la falta de gracia del guión. Sin embargo, sin estas marcas en el suelo sus movimientos se desacompasan. No sabe si va o viene. Esquiva un bolardo con un pasito de baile, pero se detiene cada tres pasos. Le hacemos señas de que se aleje un poco más. Culpa nuestra por no haberle explicado concretamente lo que queríamos, aunque tampoco esperábamos esta querencia casi taurina que le impide alejarse de nosotros, como si fuéramos su salvavidas en alta mar. Me da la impresión de que la diferencia entre este nimio intento de docudrama y las escenas que Carlos ha interpretado para nosotros se reducen únicamente a estas marcas en el suelo.

La segunda parte de esta entrevista es un recorrido por el barrio en que ha vivido los últimos treinta años: sus bares, sus pensiones, sus calles… Nos muestra la pensión de la plaza de San Ildefonso donde vivió casi dos décadas. Los proletarios de la interpretación no tienen casa. ¿Para qué? Si caso un bar de confianza en el que te fíen y te cojan los recados.

Durante el trayecto Carlos habla de la Corredera Baja como de “la cuesta”. Bajar y subir “la cuesta”, dice siempre. Son cincuenta metros, que a él se le hacen un mundo. A lo mejor es porque últimamente anda un poco tocado por la artrosis. “El dolorcito”, lo llama.

A la altura de La Pepita le dan el alto. Carlos solía venir a este bar para cenarse un pincho moruno. Tampoco para por aquí últimamente. Un momento de la conversación nos llega al alma: “¿Qué haces?”, le preguntan. “Con estos –contesta Carlos-, que me están haciendo mi vida”.

Terminamos en El Palentino. Resulta que lo que más le fastidiaba de volver a este bar es que hace tiempo que no pasaba por aquí. Los camareros le reprochan su ausencia y Carlos esconde la cabeza. Pero pronto todo discurre con normalidad. Por ejemplo, un trompas que tan pronto nos pide que desenchufemos la cámara como que grabemos cómo se acicala.

en El Palentino

en El Palentino

Entre los recuerdos de Carlos, un momento en que la suerte le dio la espalda. Un representante le llamó para que acudiera al Teatro Eslava, donde necesitaban un galán cómico. Carlos se maquea y corre a la cita. Luis Escobar, el director, está fuera. Le piden que vuelva un poco más tarde. Carlos callejea por Arenal y Mayor. Cuando regresa el papel ya está dado. ¿Qué habría sido de mi vida si don Luis Escobar no hubiera salido aquella mañana? –se pregunta Carlos. Y se ve a sí mismo como un Paco Martínez Soria, protagonizando en la pantalla sus éxitos del escenario.

de tournée: lisboa, bucarest, estocolmo

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De Reparto (retrato de un actor) sale de tournée. La película forma parte del programa «Bambalinas», sobre el imaginario de los actores, que se exhibirá en la red de centros del Instituto Cervantes.

Las proyecciones confirmadas tendrán lugar en:
Lisboa: 14 de junio a las 18:30
Estocolmo: del 13 al 18 de septiembre
Bucarest: durante el mes de septiembre

madrugoncete. 22 de octubre de 2002

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Así lo dice Carlos: “el madrugoncete”. Se ha levantado a las seis de la mañana, pero gracias a un truco suyo ha dormido una hora más. El truco consiste en poner el despertador una hora antes de la de levantarse y volverlo a poner entonces para que suene una hora después. ¡Voilá! Por arte del birlibirloque ya estás durmiendo una horita de propina.

Como Pepón no conoce el truco está al borde del colapso. Ayer, al saber que había que madrugar, ponía en cuestión la necesidad de grabar a Carlos en el trabajo.

En realidad, una vez superado el madrugón y el ratito de coche hasta un Centro Comercial en la carretera de Andalucía, hemos resuelto con relativa rapidez. Iban a rodar en el interior de unos aseos. En el de caballeros estará el set, en el de féminas, el maquillaje. Cuando nosotros llegamos Carlos ya está allí. Aún no ha amanecido. Hace frío. Carlos tiene que esperar y le han metido en un coche, con el abrigo y el sombrero puestos. Marta, una de las chicas de producción, le trae un café con leche en un vaso de plástico.

Esperamos.

Entramos en maquillaje con él. La maquilladora nos mira con suspicacia pero del intercambio verbal con Carlos no va a valer nada porque el ruido del secador del peluquero domina todo. En cinco minutos está liquidado. Hace un comentario sobre su pelo, que cuando era más joven era más fuerte y habla algo del personaje de Sansoncito.

Hay que esperar un poco más. Le llevan a otro coche, más moderno, pero más pequeño. Entramos con él. La referencia al camarote de Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935) es inevitable… aunque nadie pide dos huevos duros. Nos cuenta que le ha seleccionado Boadella para hacer de jefe de camareros de El Pardo en una película que va a hacer sobre Franco.

Mientras charlamos el cristal se cubre de vaho y Carlos recuerda el frío que ha pasado en los autobuses y el truco que le enseñó su padre para que los pies no se le congelaran en aquellos viajes. Consejos de cómico, más que de padre, para afrontar los problemas de la vida: el Frío, el Hambre, el Sueño y la Soledad… La materia, decía el príncipe Antonio de Curtis, en arte Totò, de la que se hacen las comedias.

Entre anécdotas nos cuenta que su hermana, bien fuera por los recuerdos, bien porque su marido se burlara de sus cualidades de actriz, se quedó llorando el otro día en Valladolid. Tengo que llamarla.

Vienen a buscar a Carlos para un ensayo. Le acompañamos hasta dentro pero sólo Arri, con la cámara, pasa al set; no en vano conoce a Miguel Martí, el director, y a su ayudante, Sergio. No queremos incordiar.

Pepón está con un trancazo tremendo así que cuando sale Arri damos la jornada por concluida. Hemos quedado con Carlos pasado mañana, jueves, en El Xares a las once de la mañana. Le hemos dicho que a las diez pero nos ha pedido una hora más. Cuando hemos mencionado el recorrido por el barrio para finalizar en El Palentino, un nuevo ataque de pudor –y van…-. El Palentino no le parece el sitio más adecuado, pese a haber pasado allí la mitad de los últimos años. Insiste en que no le importa pero que es mejor buscar otro sitio.

Veremos.

¡¡qué gozada de divorcio…

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Cada tanto aparece una película uno no tenía censada con Carlos en su reparto. Esto es lo que ha sucedido con ¡¡Qué gozada de divorcio…, que él confundió en un repaso de su filmografía con ¡Caray con el divorcio! (Juan Bosch, 1982) atribuyéndola a Mariano Ozores. Bueno, pues hoy queda desfecho este entuerto.

¡qué gozada de divorcio!

¡qué gozada de divorcio!

Se trata de una de tantas apariciones de una sesión en las películas de Ozores del prolífico periodo 1981-1983. Coinciden además con la serie Pajares-Esteso (juntos o por separado). Con ambos había alternado profesionalmente Carlos a principios de la década de los setenta en un espectáculo folklórico protagonizado por Rocío Jurado.

La película es un muestrario de desnudos femeninos -Ozores presume de que fue su película «más erótica»- e incide en la moraleja de que no hay mujer como la propia. Carlos interviene en una brevísima escena en la que mira con cara de asombro el tanga que ha atascado el aspirador que pasaba por el interior del taxi en el que Alberto (Andrés Pajares) acaba de consumar con su amante taxista de los viernes.

carlos en ¡qué gozada de divorcio!

carlos en ¡qué gozada de divorcio!

Un plano medio compartido con la estrella le permite asombrarse ante el estado del mundo a lo que Alberto replica con uno de aquellos latiguillos que por entonces hacían furor:
-¡Hay que ver cómo está el gobierno!

carlos y pajares

carlos y pajares

En el rodillo de salida Carlos ocupa la segunda posición y aparece con sus dos apellidos.

¡qué gozada de divorcio! (rodillo)

¡qué gozada de divorcio! (rodillo)