Archive for mayo, 2011

el primer divorcio

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Nos escribe nuestro buen amigo Felipe Cabrerizo…

carlos lucas divorcio

Ayer por la noche pillé en la cadena de la tele de Frade El primer divorcio (1981), resultado de la suma antológica de dos genios creadores: Summers y Ozores. No te hablo de la película, que no creo sea necesario, pero sí te diré dos cosas:

1) como bien recoges en la filmografía, sale Carlos Lucas haciendo de policía. Y con peluca de un corte que hoy podría pasar por moderno en Tabacalera. Papel de un relativo relieve, pues tiene diez o doce frases, aunque remarco lo de «relativo» dado que, como es habitual, está doblado. Está muy gracioso, eso sí, y

2) aparición estelar de Chumy Chumez en el tramo final de la película: hace de terrorista que ha secuestrado a Peces Barba y, al ser detenido y quitarse la capucha, exclama a voz en grito un escalofriante «¡Viva Albacete libre!» que no se lo salta un gitano.

los ases líricos existen. 9 de enero de 2003

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Me voy a la Biblioteca Nacional. Aparte de informaciones puntuales sobre las representaciones barcelonesas de “Un enemigo del pueblo” -en versión de Fernán-Gómez, en la que Carlos hizo de utilero y comparsa mientras andaba despistado por Barcelona-, el estreno de “La zapaterita” o el más dudoso de “De Cascorro a Pasapoga”, traigo dos objetivos: localizar la llegada de Carlos a Salamanca y su ingreso en Los Ases Líricos e intentar hallar el rastro del Teatro Circo Tropical por tierras alicantinas.

Si hay una fecha que no ha olvidado es aquel mes de agosto de 1948, cuando su madre le hizo la maleta y le envió con su padre al Teatro Bretón de Salamanca. En los demás asuntos puede tener un pequeño desliz de un par de décadas -cosa de nada-, pero en aquello, no. Así que pido “El Adelanto” de Salamanca y me pongo a rastrear aquel verano. Una decepción menor ya que sólo me afecta a mí: todos los periódicos de esta época están microfilmados y ya me ha pasado otras veces que ante la pantalla de lectura, viendo correr las hojas borrosas e intentando cada tanto leer algo en la tipografía deshecha y poco contrastada, me he cogido unos globos de aúpa.

Hago de tripas corazón y me pongo al asunto. Busco en la cartelera y si hay alguna recensión. Anoto curiosidades –la compañía de revistas de Pilar del Río estrena un espectáculo titulado “Allá películas”, con veinte tiples y segundas tiples- pero de Los Ases Líricos no hay ni rastro. Sigo adelante y atrás, con el mismo año. Nada. Pido el año 1947: el mismo proceso: empiezo por el verano y luego picoteo en la primavera y el otoño. A la una y media arranco con el año 1949. Nada a principios de julio. El Teatro Calderón cierra incluso durante algunas semanas. Y de pronto, el 29, encuentro el anuncio de su temporada agosteña y la venta de abonos. Programación, alguna crítica, la crónica del homenaje al maestro Bretón y el nombre de Luis Lucas rescatado de una enumeración de interpretaciones afortunadas.

Es la primera constatación de que los Ases Líricos existieron.

De la prensa de Alicante no saco nada en claro y eso que había conseguido en los tomos de Teatro Español de Sáinz de Robles fechas de estreno de varias obras. Me quedo sin comer pero aprovecho el filón. Localizar el resto de trabajos en la colección digital del “ABC” es como un juego de niños.

el pecador impecable

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Dos películas han hecho de la capa del landismo un sayo. La primera, basada en una novela de Andras Laszlo, el autor de «Mi tío Jacinto», mostraba a un Alfredo Landa, de oficio cristalero de antes de la guerra, cuyo beneficio procedía de su precisión en la inseminación de amas de cría. Gracias a los servicios de Paco, el seguro (1979) las fornidas muchachas norteñas encontraban colocación en elegantes casas del barrio de Salamanca.

La segunda, es ésta que hoy presentamos: El pecador impecable (1987).

el pecador impecable

el pecador impecable

La cinta dirigida por el productor y escritor cinematográfico Emilio Martínez Lázaro, se basa en una novela de Manuel Hidalgo, que asoma como figurante en un restaurante, en uno de los muchos cameos -Ricardo Franco, Antonio Drove, Emilio Martínez Lázaro…- con los que cuenta la película. Carlos aparece casi menos que estos «invitados especiales» y a causa de ello aparece el penúltimo en el rodillo de salida, sólo por delante de una niña.

el pecador impecable - rodillo

el pecador impecable - rodillo

Le toca en suerte uno de los muchos menesterosos que interpretó en su carrera cinematográfica. Es del subtipo «pícaro», correctamente vestido, un puntín chuleta y pidiendo cinco duros para volver a Móstoles en la feria filatélica de la Plaza Mayor de Madrid.

carlos en el pecador impecable

carlos en el pecador impecable

Carlos se convierte de este modo en una especie de apunte del natural, exento, autónomo, sin ninguna influencia en el desarrollo del argumento. Mosca cojonera en los intentos de Honorio (Alfredo Landa) de mantener una conversación tranquila con una viuda (Julieta Serrano) atribulada por los sellos que le ha dejado en herencia su difunto marido.

Intervino en el guión Rafael Azcona y la cinta apunta, por ende, maneras de esperpento, aunque éste, en opinión de uno, no llegue a cuajar, ora por impericia del director, ora porque la época de la post-movida en que se ambienta la historia sea demasiado colorista para el aguafuerte que se pretendía llevar a la pantalla.

¿lechazo o lechón? navidades de 2002

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Hablo por teléfono con Carlos. Se marcha a Valladolid, a casa de su hermana. Piensa llevar él el cordero porque si no su cuñado es capaz de imponer el cochinillo para la cena de Nochebuena. Deseos mutuos de prosperidad para el 2003. Si bastara con desearlo…

brujas mágicas

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brujas mágicas

brujas mágicas

Brujas mágicas (1981) es una de las películas que Mariano Ozores escribió y dirigió para José Frade a principios de los años 80. Está protagonizada por Andrés Pajares en el papel de un molinero asediado por las mozas de un pueblo español que vive con el temor de la Inquisición. La llegada de un peregrino (Antonio Ozores) provoca una serie de equívocos que culminan en un juicio por brujería.

BrujasMagicas_2

Carlos interpreta a un personaje extravagante y absolutamente superfluo. Seguramente ésta es su mayor virtud. Va tocado con una chapela, igual carga con un hacha que con un odre, y gesticula, ríe y perora sin articular una sola palabra. Es, en cierto modo, la sublimación de la escogorciocarpetosintaxis verbal de un Antonio Ozores bajo los efectos del óxido nitroso o «gas de la risa».

Quienes se topan con él traducen al anacronismo ozoriano sus balbuceos:
-¡Dice que el gobierno afirma que pronto entraremos en el Mercado Común! ¡No me extraña que se parta!

BrujasMagicas_Fin

El resto de la película se reparte entre la exhibición anatómica de las «clásicas» Azucena Hernández o Pilar Alcón, los chistes e imitaciones de Pajares -incluido Jesús Hermida-, las excentricidades de Antonio y el bloque dedicado al astracán político-radiofónico a cargo del inquisidor interpretado por Francisco Camoiras.

Pedro Crespo, crítico cinematográfico del nada sospechoso diario ABC, sentencia tras asistir a la proyección que se trata de «un mal juguete cómico, un astracán apolillado, una pseudo-revista garrula, una patochada grosera trufada de alusiones a una cierta actualidad».

brujas mágicas (créditos)

brujas mágicas (créditos)

Las tres o cuatro intervenciones de Carlos probablemente fueran realizadas en un par de sesiones. Ocupa el último lugar entre los intérpretes, pero, esta vez, en los títulos de cabecera.

pintores al óleo y cupones. diciembre de 2002

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Dicho y hecho. Arri se ha comprometido a preparar un “rissotto fruti di mare” o como quiera que se escriba en italiano. Mientras él está embebido en los fogones Carlos y yo nos tomamos un vino y aprovecho para preguntarle por las estancias de Los Ases Líricos en Madrid. Me habla de la zarzuela “De Cascorro a Pasapoga”, con un argumento absolutamente melodramático. Sin comerlo ni beberlo, hablando de sus primas, aparece el hasta ahora incógnito primo Gonzalo, pintor al óleo. Carlos menciona una estancia en Canarias en la que él hacía de porteador del caballete y se quedaba pasmado de la facilidad de su primo como paisajista. También unos desnudos femeninos que Gonzalo regala pero no vende. Por último, al preguntarle por sus exposiciones, cuenta que aún podemos ver su último trabajo en un escaparate de una pastelería de Quevedo.

Durante la comida una llamada de mi madre, que me insta a que acuda al tanatorio. Su hermana vivía sola. Se han preocupado por ella cuando no ha acudido a una cita que había concertado a primera hora de la mañana. Cuando han llegado estaba sentada frente al televisor, con una manta sobre las rodillas. La manta seguía allí; ni siquiera intentó moverse.

Arrancamos con la entrevista pero yo no tengo el cuerpo muy cabal. Pepón toma la dirección del cuestionario y Arri surte de brandy a Carlos, lo que le suelta la lengua. Intentamos que nos explique su predilección por Chaplin y se enreda con un número que tenía en el que imitaba a Mario Moreno “Cantinflas” y con sus recuerdos del argentino Luis Sandrini. Le preguntamos por sus Memorias y la memoria; si recuerda dónde estaba el día en que Islero le pego la cornada a Manolete o cuándo murió Franco. Le pedimos que nos explique qué quiso decir cuando escribió que hay fragmentos de su biografía que no sabe si fueron interpretados o vividos. Le hacemos leer la escena del pulpo de “Los sobrinos del capitán Grant”. Jugosa la historia de la suerte, el cupón y Terele Pávez, pero no estoy ahora con ánimos.

Otra vez será.