Archive for diciembre, 2011

el puesto de la fuerza. 12 de marzo de 2004

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Mientras los demás se manifiestan por la Castellana yo me voy a ver a Carlos a la Concha. Cuando he dicho que iba a al hospital alguien me ha preguntado en seguida si era alguna víctima del atentado de ayer. Lo malo de que el mundo se hunda es que las miserias parecen más miserables. Nuestros pequeños problemas se empequeñecen. La enfermedad de Carlos no cuenta en este piélago de muertes que la televisión, la radio y la prensa graban a fuego en nuestra conciencia.

Carlos se está sibaritizando en el hospital. Cuando le he preguntado si prefería naranjas o un pepito de crema, me ha pedido una caja de bombones. ¿Y algo para leer? Pues también. Mejor, si es de aventuras o policíaco. Como ya hemos hablado varias veces de Alf Manz y de Fidel Prado, cojo una novela de este último ambientada en el Chicago de los años 30. Le sumo otra de Clark Carrados de las que Bruguera editó con títulos tan sonoros como “Matando que es gerundio”.

Le han cambiado de habitación. Ha pasado a la zona antigua. En cambio su hermana –supongo que habrá sido ella- le ha traído un flamante pijama de cuadritos blancos, azules y rojos. Ha desaparecido la mascarilla de oxígeno. Peinado y afeitado su aspecto es envidiable. “Formidable”, dice él. Le han mandado hacer unos ejercicios con unos tubos aforados. Tiene que meterse la boquilla en la boca, espirar y luego inspirar fuerte. Unas bolitas suben entonces marcando un nivel que no pasa del 1500. En el mejor de los casos alcanzaría 5000. Luego expectora. Repite el ciclo durante un cuarto de hora y luego descansa otro tanto. Lo hace con aplicación. Me recuerda al puesto de la fuerza que había antes en las ferias, donde golpeabas con un mazo para que la pesa alcanzase la campana.

Se llevan a su compañero de habitación –diabético- para hacerle un dopler-nosecuantos. Cuando están sacando la cama llega el primo Federico. Aprovecha que salgo al pasillo para quejarse de que la hermana y la sobrina de Carlos se hayan vuelto a Valladolid sin avisarle. Pretenden trasladarle allí, aunque –precisa- “es muy mal enfermo”. Hace una demostración de sus dotes detectivescas. Al día siguiente de ingresarle, Carlos apareció por el bar como si nada. Le habían recetado un medicamento para que le bajase la inflamación de los pies pero podía tomársela tranquilamente en casa. Federico se dio cuenta de que al medicamento no le habían cortado la solapita que se quedan los farmacéuticos. Ergo, Carlos había comprado el medicamento sin receta. Lo volvieron a enviar al hospital y así se descubrió que se había escapado antes de que le pudieran hacer las pruebas.

Ya dentro, en presencia de Carlos deja caer unas cuantas frases teóricamente dirigidas a mí como que con uno que conoce él “se pasaron con la anestesia y por poco se queda”. O que Carlos “no sabe nada”. Pero Carlos sabe todo lo que tiene que saber: está “formidable” y va a volver a trabajar en cuanto se reanuden las grabaciones de Manolito Gafotas.

En fin, que los primos se han reconciliado pero los viejos rencores siguen ahí larvados y uno no puede sustraerse a tantos años de desencuentros. Me despido. No tengo valor para seguir con la visita. Federico dice que él también se va, que los transportes están muy mal. Sólo ha pasado allí media hora pero ya ha hecho su trabajo. Carlos se queda con sus ejercicios respiratorios.

triste navidad

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Blue Christmas, por Víctor Coyote y Javier Santos

la comunidad

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Siempre -al menos hasta Los crímenes de Oxford (2008)- ha tenido Álex de la Iglesia la habilidad para dar con la metáfora que ilumine sus fábulas sobre las zonas más sombrías de la españolidad. En este sentido La comunidad (2000) es ejemplar.

la comunidad

la comunidad

En esta ocasión, Álex de la Iglesia no tenía «regidor» que repartirle a Carlos. Tampoco le cabía entre los vecinos de la Carrera de San Jerónimo, 14, dirección supuesta de la finca en la que Julia (Carmen Maura), una agente inmobiliaria, cree haber encontrado la fortuna que hasta ese momento se ha mostrado elusiva en forma de boleto quinielístico con catorce aciertos. No sabe que se ha metido en la boca del lobo y que la codicia puede convertir a los aparentemente pacíficos vecinos en una banda de monstruos despiadados.

carlos y biaffra en la comunidad

carlos y biaffra en la comunidad

Carlos aparece en la escena final, en el bar castizo en el que Julia ha quedado con Darth Vader (Eduardo Antuña), que reparte dinero a manos llenas. Allí, junto al organillo que desgrana las notas de «Estudiantina portuguesa», están Carlos y Biffra, tocados con gorras de chulapos. Bailan y disfrutan del momento. Seguro que Carlos recordaba su pasado zarzuelero y los cientos de ocasiones en que hizo de coro en «Agua, azucarillos y aguardiente» o «La verbena de la Paloma»… O aquella vez en que, por incomparecencia del titular, hizo el Don Matías de «Doña Francisquita».

la comunidad - rodillo

la comunidad - rodillo

Los actores principales aparecen en los títulos de cabecera, pero el reparto completo -fuera su cometido mayor o menos- se despliega por orden alfabético en el rodillo de salida. A Carlos le toca aproximadamente por la mitad, con el privilegio, eso sí, de figurar inmediatamente antes que Carmen Maura, que aquel año recibió todos los premios habidos y por haber.

galán de fotonovela

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Gurutz Albisu, el autor de la biografía crítica sobre José María Zabalza, nos remite un curiosísimo documento…

carlos en star cine aventures n 245

Que uno sepa, ésta es la única aparición de Carlos en una fotonovela y, además, allende la frontera. Se trata de la versión de Plomo sobre Dallas que apareció en Francia, en 1972, dentro de la colección «Star Cine Aventures». Fue en el número 245.

carlos en star cine aventures n 245

habitación 6631. 7 de marzo de 2004

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El viernes por la tarde me llama Bigarren para contarme que Carlos está ingresado en la Concepción. Hoy por la mañana he ido a verle. Está en la habitación 6631 que comparte con un abuelete. Mientras la hija de su compañero de habitación lee el periódico ambos se entretienen con la televisión. Primero ven la misa, luego dibujos animados.

No veo a Carlos físicamente muy desmejorado. Parece que ha venido el peluquero y le ha arreglado la melena. También gasta bigotillo de pincel, que me parece que tiene algo que ver con Manolito Gafotas. Tiene el oxígeno puesto y unas vendas muy aparatosas en los pies. Pero lo más espectacular de su vestuario es que ha perdido los pantalones de pijama y se ha anudado a la cintura una toalla de la sanidad pública como taparrabos.

Le he llevado naranjas. Bigarren me dijo que era lo que más le apetecía. Ya no. Ahora lo que quiere es un pepito de crema que le bajo de la cafetería del noveno piso. Su máxima ilusión es hacerse una dentadura nueva y volver a comer cosas duras. Para un adicto a la sal como él, la comida del hospital es un tormento.

Por lo demás está bastante tranquilo. Un poco cansado de la hospitalización y con ganas de volver al barrio. Le han dicho que mañana le operan para evitar la retención de líquidos y que le pondrán una especie de talco con lo cual se evitan nuevas complicaciones. Hablamos un rato del catálogo de “Sagas españolas del espectáculo” que compré el otro día. Por supuesto no aparecen los Lucas ni los Navarro. Sí que figura Romero Gaona y su teatro itinerante Benavente y las hermanas Tejela. Carlos relata sus andanzas con el teatro Benavente y su posterior encuentro con José Sancho durante el rodaje de La boda del señor cura. Se acuerda también de Paco Ruiz, el marido de Julia Tejela al que le vio una buena interpretación de “Katiuska”. Cuando Ruiz se enteró de que su mujer estaba liada con Emilio Berrio se tiró bajo las ruedas de un coche.

Me viene a la cabeza Los cuatro jinetes del Apocalipsis, según Minelli. Su visión de la enfermedad en su caballo imponente. E inmediatamente pienso en que la muerte que ronda a Carlos viene en un asnillo apacible que en lugar de avanzar al galope se detiene cada tanto a ramonear.

el traje

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Dos jornadas de rodaje en Sevilla –en un centro social y un breve recorrido por algunas calles carrito en ristre- para componer el enésimo mendigo de su carrera en El traje (Alberto Rodríguez, 2002).

Aunque en los títulos de crédito su personaje aparece como “Anciano”, durante la acción le llaman Pisón. Ocupa el noveno puesto en el rodillo final.