Archive for diciembre, 2012

estrellas de reparto: agustín gonzález, actor de carácter (fuerte)

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Es Agustín González un actor de carácter especializado en personajes con carácter. Con carácter fuerte e incluso, a veces, con mal carácter.

Nada mejor para que resalten las buenas maneras del galán, que el gesto hosco y los gritos destemplados de Agustín González.

Han sido Azcona y Berlanga quienes han dibujado su personaje con trazo más firme. Tan al aguafuerte les salió el tipo que Agustín González raramente ha escapado de él. En el teatro, a lo mejor; en el cine, casi nunca.

Trueba, Garci o Fernán-Gómez han recurrido a él con asiduidad, porque saben que ese carraspeo característico tan suyo es el preámbulo de la gran interpretación, aunque el papel sea pequeño.

En el baúl en el que todos los actores guardan sus personajes, se trajo del camerino teatral al plató cinematográfico dos caracterizaciones inolvidables. La primera es la del atribulado padre de familia en tiempos fratricidas. Ahí se da uno cuenta de que el mal carácter no es congénito, sino una impostación; que Agustín González como actor cinematográfico es un comediante aplicado, concienzudo, capaz de llevar al personaje en volandas a lo largo de todo el metraje.

Para la segunda se trajo el quepis y los anteojos de don Latino de Hispalis, lazarillo de Max Estrella por un Madrid absurdo, brillante y hambriento.

En cuanto al resto, competía Agustín González con otros compañeros de generación por el récord de las doscientas películas.

Su prematura muerte –la muerte usa un viejo reloj de cuerda que siempre adelanta- no le permitió lograrlo. Tampoco podemos nosotros recordarlas todas, pero algunos momentos quedan grabados a fuego en nuestra memoria: «Lo que yo he unido en la tierra no lo separa ni Dios en el cielo».

Esta es la grandeza del actor de reparto.

estrellas de reparto: manuel alexandre, príncipe tremolante

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El cinematógrafo fabrica a los galanes en serie, sólo los actores de reparto son únicos.

Uno por las hechuras, otro por un gesto, aquel por el acento. A Manuel Alexandre le hace único su voz tremolada.

Trémolo de ebriedad, hecho para la juerga de la noche inacabable.

De pronto, la banda sonora se desgarra. Como los flamencos, Alexandre tiene su propio “quejío” que en el momento del quiebro alcanza su más alto color.
En la orquesta del reparto, donde otros habrían dado el do profundo de fagot subterráneo, pone Alexandre su nota de clarinete aéreo.

Cuando Alexandre pregona las amarguras de su soltería y maldice sus calaveradas es cuando su voz alcanza su acento más puro.

Como fue compañero de Fernando Fernán-Gómez en el aprendizaje del oficio en tiempos de la Guerra Incivil, ha sido este el que más partido ha sabido sacarle.

Pero también Juan Antonio Bardem y Luis G. Berlanga le han regalado personajes en los que su voz entonara en el desentono general del esperpento.
Para el tipo patético de la tragedia grotesca, que es unas de las especialidades de la casa, Alexandre sabe poner como nadie la mirada tierna de perrillo zalamero.

Cuando tiene dinero gasta Alexandre una pajarita que es como una hélice aeronáutica.

Desde la altura a la que le eleva su pajarita, los personajes que interpreta sobrevuelan por encima de otros compañeros de reparto con más papel.
El secreto de su longevidad profesional está, seguro, en la limpieza del aire que allí arriba se respira.

En estos momentos la humanidad de Manuel Alexandre pide a gritos que le llamemos Manolo.

En el reino de los Manolos metidos a actores de reparto, Morán es el rey, pero Alexandre será siempre el príncipe tremolante.