Archive for febrero, 2013

estrellas de reparto: rafael alonso, parapetado tras su bigotito

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En el cine, tan propenso al mito, Rafael Alonso nos resulta familiar y cercano, por ese bigote de “amigo del alma” del protagonista que rebaja a nuestro modesto nivel cualquier película.

¡Allá héroes! Nuestros defectos y virtudes los representa, como ningún protagonista, Rafael Alonso.

Frente a la pomposidad del mostacho de guías enhiestas que parece exigir el tratamiento de “don”, el bigotito retrechero de Rafael Alonso invita al compadreo. Parece trazado con una doble pincelada apresurada en el camerino, justo antes de comenzar la función.

Como el apéndice capilar le ha crecido en el escenario, al principio el cine le hace poco caso… Pero desde que estrena en 1952 la versión teatral de “El baile” ya no para. Su mostachuelo se convierte en presencia ineludible en la pantalla. Su bigote es el del amigo del alma, el del pelmazo de borrachera innoble, el del marido cornudo, el del galancete petulante, el del primo gracioso o el del preceptor pusilánime y calzonazos.

Entre la ternura y la comicidad explícita traspasada siempre por una punzada de patetismo, se resuelve toda su carrera.

Cuando su personaje debe alegrarse, el acento circunflejo de su bigote sobrerraya esa espléndida sonrisa de bonhomía.

¡Con lo difícil que es hacer de hombre bueno! Pues Rafael Alonso, parapetado tras su bigotito, lo ha hecho como nadie.

estrellas de reparto: la calavera de saza

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José Sazatornil “Saza” es, con todo merecimiento, una estrella de reparto a pesar de haber frecuentado los títulos de cabecera.

Saza aprende el oficio en el escenario y se hace actor en esa escuela de comedia a la catalana que fue el aragonés Paco Martínez Soria.

La calva y la mandíbula de Saza le asemejan a la calavera en la que todos nos convertiremos. Como nadie se ríe más que los muertos, cuando Saza se desternilla se escucha esa carcajada de ultratumba cuya alegría salvaje nos pone los pelos de punta.

Hay películas en que Saza se encapucha la cabeza que le recubre la calavera y enseguida vemos que la rubrica de su firma personal es ese bigotillo recto, como un trazo que subraya la nariz. Parece entonces un hombre mesurado, con esa dicción tan matizada que bordea la parodia.

Ese bigote le ha valido para ser rectilíneo padre de familia, marido modélico, fascista de lealtad inquebrantable o industrial solvente… La farsa fluye naturalmente de su personaje cuando aflora a la superficie lo que hay detrás de la máscara: el progenitor perplejo, el marido cornudo y el jerarca acogotado.

La gloria del actor de comedia es que en todos ellos nos reconocemos a nosotros mismos. ¡Eureka!