De Reparto Carlos Lucas

diario – Page 2

buitreando. 29 de mayo de 2004

Cada tanto llamo a Carlos a Valladolid. Me cuenta cómo va, las pruebas que le hacen y sus ganas de regresar a Madrid y empezar a trabajar de nuevo. Le adelanto la satisfacción de Trujillo con el proyecto, aunque todo sigue pendiente de la financiación –vale decir de una reunión que tendrá con alguien misterioso esta semana-.

Me pongo con la memoria, la sinopsis y la propuesta de reparto. El domingo, en casa de Luis, Josu Bilbao me enseña a dos que podrían hacer el Carlos treintañero, pero no quiero hacerme ilusiones. Espero la llamada de Trujillo.

***

Ya está. Me he reunido con Trujillo y no hay muchas posibilidades a corto plazo. Para colmo, hablo con Bigarren y con Mónica, la sobrina de Carlos, y me dicen que las expectativas que dan los médicos no son muy esperanzadoras. Las sesiones de quimioterapia han hecho que se le caiga el pelo. Mónica me dice que aún así, se da sus paseítos… probablemente para hurtarse a la fiscalización familiar y echar un pitillito.

Noches de crisis. En plan Hamlet. Rodar o no rodar…

Decido seguir adelante. Si luego no podemos utilizarlo ya se nos ocurrirá otra cosa. La semana que viene llamaré a Carlos. Probablemente llame también a José María, el de los cines Casablanca, donde se estrenó Justino, a ver si nos deja la sala una mañana para grabar con Carlos allí la lectura de guión.

Un apéndice frívolo. A Trujillo le dan los ocho males porque hemos quedado que él se encargará de llamar el lunes al representante artístico de Sara Montiel.

san isidro. 15 de mayo de 2004

Ya está lista la versión completa del guión. He trabajado toda esta semana en él, a remolque de la convicción que me trasmite Trujillo de que la película puede salir adelante.

Prescindo de las escenas de Manolo el boxeador, salvo en lo que se refiere a la reunión familiar porque me sigue pareciendo la excusa perfecta para reunir de nuevo a Carlos con Federico y con El bandolero del Cante, que a estas alturas del proyecto alcanza una estatura mítica, casi a la altura de Miguel de la Riva.

Introduzco en cambio algunas escenas breves, como la de su visita al Teatro Eslava el día que su carrera pudo ser y no fue. Hay otras que podrían ir en el mismo sentido pero las descarto. Por ejemplo, la conversación con su padre cuando le llama Marcos Redondo. Mitad de encaje de bolillos con la estructura, mitad creación con todos los episodios de ficción nuevos.
Definitivamente estoy solo. Pepón está lanzado con su comedia. Luis se ha marchado a Pasarón de la Vera todo el puente y está bastante liado con publicidades varias. El otro día aprovechamos la inauguración del nuevo piso de Flavio en Las Vistillas para charlar un rato y me dio algunas ideas… de lo que sobra.

mañana, angular. 4 de mayo de 2004

Han pasado dos o tres cosas. Una última visita a Carlos -antes de que lo trasladaran en ambulancia a Valladolid-, en la que aproveché para intentar atar algunos cabos sueltos de su biografía, una conversación telefónica con Carmen Lucas en la que me cuenta que están haciéndole nuevas pruebas y otra con Bigarren en la que me insiste en que Carlos está deseando trabajar.

Total que me he vuelto a liar la manta a la cabeza y me he ido a ver a [Miguel Ángel] Trujillo. Le he cogido un poco desprevenido porque él creía que iba a hablarle de “Sesión Golfa”, la ficción inspirada en las representaciones frustradas de “Si descubro yo el petróleo…”. En lugar de eso le cuento cómo afrontar “Sé adónde voy”: viñetas de ficción pura que Carlos comentará o desmentirá en directo. También un plan de ataque para rodar la continuidad y el final a la mayor brevedad. Le planteo la posibilidad, incluso, de llamar a Sara Montiel. Trujillo promete buscar financiación. Le dejo el borrador del guión y quedamos en volver a vernos.

Entretanto Pepón estrena “Dos hombres sin destino” en Basauri, con algún retraso debido a la huelga de basureros. Han ido todos: Arri, Flavio, Moti… Vienen entusiasmados. Las expectativas no pueden ser mejores. Intentaré quedar con ellos un día de estos.

Mañana veo a Trujillo de nuevo. Le he pedido a Luis la cámara de mini-DV para que pueda ver algo de lo que hemos grabado. Preparo también un CD con material diverso (guión, fotos, escaleta, entrevistas). Por último, elaboro una propuesta de plan de trabajo y un presupuesto grosso modo.

el puesto de la fuerza. 12 de marzo de 2004

Mientras los demás se manifiestan por la Castellana yo me voy a ver a Carlos a la Concha. Cuando he dicho que iba a al hospital alguien me ha preguntado en seguida si era alguna víctima del atentado de ayer. Lo malo de que el mundo se hunda es que las miserias parecen más miserables. Nuestros pequeños problemas se empequeñecen. La enfermedad de Carlos no cuenta en este piélago de muertes que la televisión, la radio y la prensa graban a fuego en nuestra conciencia.

Carlos se está sibaritizando en el hospital. Cuando le he preguntado si prefería naranjas o un pepito de crema, me ha pedido una caja de bombones. ¿Y algo para leer? Pues también. Mejor, si es de aventuras o policíaco. Como ya hemos hablado varias veces de Alf Manz y de Fidel Prado, cojo una novela de este último ambientada en el Chicago de los años 30. Le sumo otra de Clark Carrados de las que Bruguera editó con títulos tan sonoros como “Matando que es gerundio”.

Le han cambiado de habitación. Ha pasado a la zona antigua. En cambio su hermana –supongo que habrá sido ella- le ha traído un flamante pijama de cuadritos blancos, azules y rojos. Ha desaparecido la mascarilla de oxígeno. Peinado y afeitado su aspecto es envidiable. “Formidable”, dice él. Le han mandado hacer unos ejercicios con unos tubos aforados. Tiene que meterse la boquilla en la boca, espirar y luego inspirar fuerte. Unas bolitas suben entonces marcando un nivel que no pasa del 1500. En el mejor de los casos alcanzaría 5000. Luego expectora. Repite el ciclo durante un cuarto de hora y luego descansa otro tanto. Lo hace con aplicación. Me recuerda al puesto de la fuerza que había antes en las ferias, donde golpeabas con un mazo para que la pesa alcanzase la campana.

Se llevan a su compañero de habitación –diabético- para hacerle un dopler-nosecuantos. Cuando están sacando la cama llega el primo Federico. Aprovecha que salgo al pasillo para quejarse de que la hermana y la sobrina de Carlos se hayan vuelto a Valladolid sin avisarle. Pretenden trasladarle allí, aunque –precisa- “es muy mal enfermo”. Hace una demostración de sus dotes detectivescas. Al día siguiente de ingresarle, Carlos apareció por el bar como si nada. Le habían recetado un medicamento para que le bajase la inflamación de los pies pero podía tomársela tranquilamente en casa. Federico se dio cuenta de que al medicamento no le habían cortado la solapita que se quedan los farmacéuticos. Ergo, Carlos había comprado el medicamento sin receta. Lo volvieron a enviar al hospital y así se descubrió que se había escapado antes de que le pudieran hacer las pruebas.

Ya dentro, en presencia de Carlos deja caer unas cuantas frases teóricamente dirigidas a mí como que con uno que conoce él “se pasaron con la anestesia y por poco se queda”. O que Carlos “no sabe nada”. Pero Carlos sabe todo lo que tiene que saber: está “formidable” y va a volver a trabajar en cuanto se reanuden las grabaciones de Manolito Gafotas.

En fin, que los primos se han reconciliado pero los viejos rencores siguen ahí larvados y uno no puede sustraerse a tantos años de desencuentros. Me despido. No tengo valor para seguir con la visita. Federico dice que él también se va, que los transportes están muy mal. Sólo ha pasado allí media hora pero ya ha hecho su trabajo. Carlos se queda con sus ejercicios respiratorios.

habitación 6631. 7 de marzo de 2004

El viernes por la tarde me llama Bigarren para contarme que Carlos está ingresado en la Concepción. Hoy por la mañana he ido a verle. Está en la habitación 6631 que comparte con un abuelete. Mientras la hija de su compañero de habitación lee el periódico ambos se entretienen con la televisión. Primero ven la misa, luego dibujos animados.

No veo a Carlos físicamente muy desmejorado. Parece que ha venido el peluquero y le ha arreglado la melena. También gasta bigotillo de pincel, que me parece que tiene algo que ver con Manolito Gafotas. Tiene el oxígeno puesto y unas vendas muy aparatosas en los pies. Pero lo más espectacular de su vestuario es que ha perdido los pantalones de pijama y se ha anudado a la cintura una toalla de la sanidad pública como taparrabos.

Le he llevado naranjas. Bigarren me dijo que era lo que más le apetecía. Ya no. Ahora lo que quiere es un pepito de crema que le bajo de la cafetería del noveno piso. Su máxima ilusión es hacerse una dentadura nueva y volver a comer cosas duras. Para un adicto a la sal como él, la comida del hospital es un tormento.

Por lo demás está bastante tranquilo. Un poco cansado de la hospitalización y con ganas de volver al barrio. Le han dicho que mañana le operan para evitar la retención de líquidos y que le pondrán una especie de talco con lo cual se evitan nuevas complicaciones. Hablamos un rato del catálogo de “Sagas españolas del espectáculo” que compré el otro día. Por supuesto no aparecen los Lucas ni los Navarro. Sí que figura Romero Gaona y su teatro itinerante Benavente y las hermanas Tejela. Carlos relata sus andanzas con el teatro Benavente y su posterior encuentro con José Sancho durante el rodaje de La boda del señor cura. Se acuerda también de Paco Ruiz, el marido de Julia Tejela al que le vio una buena interpretación de “Katiuska”. Cuando Ruiz se enteró de que su mujer estaba liada con Emilio Berrio se tiró bajo las ruedas de un coche.

Me viene a la cabeza Los cuatro jinetes del Apocalipsis, según Minelli. Su visión de la enfermedad en su caballo imponente. E inmediatamente pienso en que la muerte que ronda a Carlos viene en un asnillo apacible que en lugar de avanzar al galope se detiene cada tanto a ramonear.

adelante con el vals parisién. 5 de febrero de 2004

Me he liado la manta a la cabeza. Arri está en el rodaje de Crimen ferpecto (Álex de la Iglesia, 2004) y Pepón empieza los ensayos de “Dos hombres sin destino”, la comedia que ha escrito con Juanito Maidagán. Protagonizarán Enrique Martínez y Tallafé. Lo ideal para dedicarme al guión por mi cuenta. Había quedado con Pepón que exploraríamos una línea escorada hacia la ficción, dejando un poco de lado el documental. Hice entonces una escaleta en la que figuraban ocho o diez grandes bloques temáticos. Todos trataban de un modo u otro el tema de las “fugas” vitales de Carlos: sus escapadas de las compañías de teatro portátil –generalmente a la hora de la siesta-; su fugaz relación con Carmiña; su incapacidad para mantener un domicilio fijo… Como no podía ser de otro modo también las historias que nos han impresionado: los escafandristas de “Los sobrinos del capitán Grant”, la anécdota del sablazo en el rodaje de El tigre de Chamberí, el guión de “Comprometido en homicidio”…

Alguna vez ha habido que meter la palanqueta y cargar un poco la suerte para que encajase en el marco argumental general. A pesar de ello, el borrador del guión ha surgido con facilidad. Las anécdotas de origen diverso han encajado como en el “tetris”. Lo más fácil -y por ahí he empezado- ha sido el bloque del Teatro Circo Tropical que vi como en un sueño y que he escrito de un tirón, como pura ficción. Si no saliese la película creo que se podría rodar como un corto. Si acaso, peca de “azconiano”, pero le va tanto a la época…

El resto ha surgido también con relativa fluidez. He quedado hoy con Pepón en Los Pinchos para contarle mis progresos. Los huecos que voy dejando es mejor que los cubramos juntos. Un vino allí. Luego cena en un italiano próximo. Llevo una escaleta y le explico los puntos fuertes. Elaboramos un concepto -¿de trabajo ¿de venta?- en oposición al documental de creación. Se trata de crear una historia en la que los segmentos documentales se incardinen como si fueran una parte más de la invención. ¿Lo lograremos? Es una de las apuestas.

La otra es la estructura de la película, que no se ajusta al canon narrativo lineal.

Viernes, 6. Voy a ver Zatoichi (Takeshi Kitano, 2003). Me parece que rechina a ratos la poesía con calzador, me asombra la capacidad del cine de sable para retroalimentarse del espagueti western del que fue principal inspirador y me río con ganas en muchas ocasiones… Me parece, no obstante, de una astucia formidable el colocar el número de claqué al final porque el público sale con un subidón tremendo. Me reafirmo en la idea de terminar nuestra película con el número musical ¡Adelante con el vals parisién!