De Reparto Carlos Lucas

estrellas de reparto

el extraño caso del doctor lópez y míster vázquez

Dice que es Fernando Galindo, pero también asegura llamarse Juanito Renovales, Gabino Quintanilla, Benito Freire, Domingo Pajarito de Soto, e incluso, doña Adela.

Sabemos, no obstante, que su verdadero nombre es José Luis López Vázquez. Extraño caso el de este actor que se duplica hasta en el apellido.

Es un enamorado del teatro, pero ha hecho doscientas y pico películas.

Ha dedicado su vida a la interpretación, pero entró en el mundo del cine en cometidos técnicos –figurinista, escenógrafo, ayudante de dirección…-, gracias a su habilidad como dibujante y a que un amigo le presentó al director José López Rubio.

Ha obtenido galardones internacionales por sus trabajos más sobrios y, sin embargo, sigue prefiriendo los papeles de puro comediante.

Tal es el extraño caso del doctor López y míster Vázquez.

los gutiérrez caba alba, una dinastía de estrellas de reparto

A Julia Caba Alba le cuadra la cofia. La lleva como el punto de un signo de exclamación que reclama la atención para su figura menuda. Hace el personaje de una pieza que dibuja con trazo perdurable en los escasos segundos en que asoma a la pantalla.

Llegó al cine ya talludita, después de haber interpretado innumerables papeles de niño en los escenarios. Ha sido en un centenar largo de películas la madre vigilante, la dueña de pensión metomentodo, la visita incordiante y la criada respondona insuperable. En la cocina está en su salsa. Canturrea un cuplé mientras trajina por la casa.

Los Gutiérrez, los Caba y los Alba ocupan una página entera del padrón teatral, así que su destino estaba escrito. Como que su marido, Manuel San Román, fuera también de la profesión. Su hermana mayor, Irene Caba Alba, se casó con Emilio Gutiérrez.

Sus tres hijos se han dedicado también a la interpretación. Irene Gutiérrez Caba, hereda la silueta áspera de su madre. En cambio, Julia Gutiérrez Caba tiene un perfil más dulce, apto para la alta comedia y para el drama. Ha recibido un premio Goya como actriz de reparto. Emilio Gutiérrez Caba, el pequeño, ha hecho doblete en la misma categoría.

Los Gutiérrez Caba Alba, una dinastía de estrellas de reparto.

estrellas de reparto: rafael alonso, parapetado tras su bigotito

En el cine, tan propenso al mito, Rafael Alonso nos resulta familiar y cercano, por ese bigote de “amigo del alma” del protagonista que rebaja a nuestro modesto nivel cualquier película.

¡Allá héroes! Nuestros defectos y virtudes los representa, como ningún protagonista, Rafael Alonso.

Frente a la pomposidad del mostacho de guías enhiestas que parece exigir el tratamiento de “don”, el bigotito retrechero de Rafael Alonso invita al compadreo. Parece trazado con una doble pincelada apresurada en el camerino, justo antes de comenzar la función.

Como el apéndice capilar le ha crecido en el escenario, al principio el cine le hace poco caso… Pero desde que estrena en 1952 la versión teatral de “El baile” ya no para. Su mostachuelo se convierte en presencia ineludible en la pantalla. Su bigote es el del amigo del alma, el del pelmazo de borrachera innoble, el del marido cornudo, el del galancete petulante, el del primo gracioso o el del preceptor pusilánime y calzonazos.

Entre la ternura y la comicidad explícita traspasada siempre por una punzada de patetismo, se resuelve toda su carrera.

Cuando su personaje debe alegrarse, el acento circunflejo de su bigote sobrerraya esa espléndida sonrisa de bonhomía.

¡Con lo difícil que es hacer de hombre bueno! Pues Rafael Alonso, parapetado tras su bigotito, lo ha hecho como nadie.

estrellas de reparto: la calavera de saza

José Sazatornil “Saza” es, con todo merecimiento, una estrella de reparto a pesar de haber frecuentado los títulos de cabecera.

Saza aprende el oficio en el escenario y se hace actor en esa escuela de comedia a la catalana que fue el aragonés Paco Martínez Soria.

La calva y la mandíbula de Saza le asemejan a la calavera en la que todos nos convertiremos. Como nadie se ríe más que los muertos, cuando Saza se desternilla se escucha esa carcajada de ultratumba cuya alegría salvaje nos pone los pelos de punta.

Hay películas en que Saza se encapucha la cabeza que le recubre la calavera y enseguida vemos que la rubrica de su firma personal es ese bigotillo recto, como un trazo que subraya la nariz. Parece entonces un hombre mesurado, con esa dicción tan matizada que bordea la parodia.

Ese bigote le ha valido para ser rectilíneo padre de familia, marido modélico, fascista de lealtad inquebrantable o industrial solvente… La farsa fluye naturalmente de su personaje cuando aflora a la superficie lo que hay detrás de la máscara: el progenitor perplejo, el marido cornudo y el jerarca acogotado.

La gloria del actor de comedia es que en todos ellos nos reconocemos a nosotros mismos. ¡Eureka!

estrellas de reparto: la gracia de gracita

Si existe la predestinación, la gracia tenía que llamarse Gracita.

Entre las estrellas de reparto, Gracita Morales es una supernova.

José María Forqué fue si no su descubridor al menos el primero en dejar constancia en el planisferio cinematográfico de su talento singular. En un año bueno, 1962 por ejemplo, puede participar hasta en catorce películas.

Cuando su órbita se empareja con la de José Luis López Vázquez dan lugar al nacimiento de un nuevo sistema planetario. José Sacristán, Josele Román o Rafaela Aparicio son en estos años satélites que reflejan la luz de Gracita.

Es su nombre el que encabeza los títulos de crédito. Es una de las estrellas mejor pagadas del cine español y la primera en exigir una roulotte personal en el rodaje. Eso sí, realiza la limpieza de la misma personalmente. No en balde se ha labrado el éxito poniéndose la cofia torcida y entonando, cual nueva Menegilda, el “pobres chicas, las que tiene que servir”, como en la zarzuela de Chueca y Valverde.

Gracita viene de un pueblo cuyo sólo nombre causa risa a un Madrid que se cree que ha dejado atrás los refajos. Ella se encarga de demostrarnos, entre el humor y la ternura, que debajo de las superficies pulidas de la formica y el sintasol sigue latiendo nuestro corazón paleto.

Como el desarrollismo, Gracita cumple su ciclo. Es fruto de temporada, igual que las comedias de Alfonso Paso en las que interviene o el dos caballos que da nombre a su personaje más querido.

Con ser tan hacendosa no ha caído en que hay que orear el cine, para que no huela tanto a coliflor.

Un día la estrella descarrila de su órbita, cae a la tierra y al entrar en contacto con la atmósfera se disuelve. Quedan pequeñas partículas ígneas de trazo feroz y breve.

Sin embargo, el meollo de la gracia de Gracita permanece inmarcesible. La agilidad para la réplica, una voz de muñeca de ventrílocuo, tan imitada como inimitable, y el tonillo de chufla que nos recuerda siempre que la vida, por seria que pretenda ponerse, nunca hay que tomársela demasiado en serio.

estrellas de reparto: gila a secas

Miguel Gila… Gila a secas.

Tan cortito es el nombre que hay que rebuscar mucho en los repartos para encontrarlo.

Pero es que donde Gila destacó fue agarrado a un teléfono.

Hizo su carrera en salas de fiestas, en la radio y, finalmente, en televisión, donde solía contar que no pudo nacer un domingo porque estaba todo cerrado, así que tuvo que nacer un jueves que su madre había ido a la peluquería.

Como José Luis Ozores, su amigo del alma, parece que Gila hubiera hecho la primera comunión con boina.

Siempre dijo que como las bromas de los pueblos no había otras. Probablemente el más gordo de estos bromazos fue la guerra civil. Gila salió con vida de ella porque le mataron mal. Y es que la guerra siempre ha sido una chapuza.

No es raro que con semejante biografía terminara mandando sus chistes a La Codorniz. De ahí al cine no hay más que un paso. Lo dio a principios de los años cincuenta, llevando al hombro la maleta rellena de paradojas.

Como actor tiene Gila esa desdoblamiento que lo mismo vale para gran timador que para tímido timado.

En todas las películas en que participó dejó su impronta característica, insuflando unas gotas de humor absurdo y surreal en los tipos populares e ingenuos que le tocaron en suerte.

Gila es mucho más que un caricato pero un poco menos que un actor genérico. El genio se le desborda y así no hay modo de componer un secundario.
Ver sus películas es como poner una conferencia con el más allá:
-Oiga. ¿Está Gila? Pues que se ponga.